Blog dedicado al estudio de temas constitucionales e históricos, enfocados dentro de la realidad del Perú.

sábado, 8 de octubre de 2022

Los héroes lambayecanos del "Huáscar"

Este artículo fue publicado originalmente en el Semanario "Expresión" en el mes de abril de 2018; queremos compartirlo (con algunos detalles adicionales) en un aniversario más de la epopeya de Angamos.

Monumento de mármol que fue instalado en 1895 en la plazuela Elías Aguirre de Chiclayo, trasladado en 1924 (al instalarse el monumento actual) a la sede de la Sociedad Obreros de la Unión en la que fue la casa natal del marino chiclayano.
(fotografía del autor)
El 10 de abril de 1948, hace setenta años, fallecía humildemente el grumete Alberto Medina, el último superviviente de la plana menor del legendario monitor “Huáscar”. Trece años después, en 1961, fallecía Manuel Elías Bonnemaison, el último superviviente del “Huáscar”, quien asistió a la campaña naval como guardiamarina. Queremos aprovechar el aniversario de la muerte de Medina, para brindar algunos apuntes sobre los veteranos del “Huáscar”, aquel monitor que se agiganta en nuestra memoria al paso de los años, en feliz frase del presidente Bustamante y Rivero.

El combate de Angamos, según un grabado de la época.
(revista "La Ilustración Española y Americana", noviembre de 1879)
Normalmente, de la nómina de tripulantes del monitor “Huáscar”, el departamento de Lambayeque recuerda al capitán de corbeta Elías Aguirre Romero (1843-1879) y al teniente primero Diego Ferré Sosa (1844-1879), caídos en Angamos y sepultados con los debidos honores en la Cripta de los Héroes. Pero se puede ampliar la lista de lambayecanos que navegaron bajo la insignia del contralmirante Grau, con tres tripulantes rescatados del olvido por la acuciosa pluma del investigador Manuel Zanutelli Rosas.

  • Hijo natural, Tomás de Aquino Esteves nació en 1835 en Pacasmayo (hasta 1864, Pacasmayo formó parte de la provincia de Chiclayo). Desde joven, se enroló en la marina de guerra, combatiendo en Abtao (1866), y luego en la campaña naval. Sobrevivió a Angamos, y ante la virtual desaparición de nuestra marina, debió dedicarse al pequeño comercio. Falleció a los 84 años en febrero de 1919.
  • El caso del grumete José Encarnación Mantilla es triste teniendo en cuenta su breve vida. Nacido en 1861 en el puerto de San José, son pocos los datos sobre Mantilla. Enrolado como grumete en el monitor, sirvió en la torre Coles del monitor, puesto en el que sucumbió en Angamos, con apenas dieciocho años. Su madre, Petronila Gamarra, presentó la solicitud para cobrar la pensión por el sacrificio de su hijo.
  • Darío San Ginés era parte de los “buitres” de la Columna “Constitución”, fuerza de infantería de marina embarcada en el monitor, compuesta mayoritariamente por negros y zambos, de donde se desprende la denominación. San Ginés sobrevivió a la guerra, pasando a residir en Eten, de donde presumimos era oriundo. En 1912, solicitó al gobierno una pensión, la cual le fue denegada por no estar en servicio.

El paso del tiempo transcurrió inexorable para los veteranos del monitor, los que debieron subsistir en un país empobrecido y dolido luego de la derrota. Debieron indignarse ante el gesto del dictador Nicolás de Piérola al nombrar al almirante Grau, su heroico jefe, como un héroe de segunda clase en 1880, y luego en 1897, con su gesto de alabar al comandante del “Huáscar”. Año a año, acudían a las ceremonias, luciendo con orgullo sus uniformes; otros acudían con los modestos trajes de diario (como se puede apreciar en la imagen inferior). La muerte reducía con el tiempo las filas de los sobrevivientes. Personas de modesto nivel social, los veteranos de la guerra se hundieron en el anonimato. Otras veces eran ninguneados por la fría burocracia, cuando reclamaban la modesta pensión con la que este país de gentes ingratas les reconocía sus esfuerzos y sufrimientos. Y muchas veces, debido a la pobreza del Estado en reconstrucción, tal pensión era sumamente irrisoria: por ejemplo, la madre del marinero Aparicio Robles, caído en Angamos, recibió una pensión de 4 soles de plata con 50 centavos.

El capitán de fragata José Leónidas Rivadeneira reunido con cinco sobrevivientes de la corbeta "Unión" en la Municipalidad de Chiclayo, el 27 de julio de 1934, centenario del nacimiento del almirante Grau.
(Archivo Histórico y Biblioteca Central de Marina)
En diciembre de 1910, por Resolución Legislativa N.º 1357, se dispuso el pago de haberes a “los individuos de la tripulación y guarnición ó que, por contrata especial, hubiesen asistido al combate de Angamos, á bordo del monitor “Huascar””. En noviembre de 1917, otra Resolución Legislativa, la N.º 2509, ordenó expedir cédulas para “los tripulantes del Monitor “Huascar” don Manuel Mejía, don Eduardo Price, don Faustino Colán, don Eleodoro Dávila, don Ramón Galicia, don Ramón Tejada, don Tomás Estevez, don José Velásquez, don Alberto Medina, don José Santos Calderón y don Modesto Ruidias”. Diez años después, en abril de 1927, por Ley N.º 5802, se concedió una gratificación de 25% sobre “sus haberes o pensiones, a los sobrevivientes que a bordo del “Huáscar” o de la corbeta “Unión”, hubiesen asistido a alguno de los combates mantenidos por esos barcos durante la guerra de 1879”, otorgando a los veteranos del monitor el derecho a una medalla (de oro, si hubiesen asistido a toda la campaña de 1879; de plata, si sólo concurrieron a algún combate).

"El señor Leguía rodeado de los sobrevivientes del combate de Angamos que fueron a saludarlo".
Con esta leyenda, el semanario limeño "Sudamérica" en su edición del 15 de febrero de 1919,publicó esta célebre fotografía, cubriendo el regreso de Leguía al Perú para postular a la presidencia por segunda ocasión.
(colección Eduardo Dargent Chamot)
Meses después, en julio de 1927, el Centro Naval del Perú, en un gesto de justicia con aquellos valientes y con la epopeya que representaban, decidió incorporar como socios honorarios de la institución a los jefes, oficiales y tripulantes que estuvieron presentes en Angamos. Apenas si quedaban vivos un jefe (Manuel Melitón Carvajal), un oficial (Manuel Elías Bonnemaison), y cuatro tripulantes (Francisco Ramos Spiell, Faustino Colán, Alberto Medina y José Santos Calderón). Y cuando el 28 de octubre de 1946, la gratitud nacional inauguró el monumento al almirante Grau en Lima, sólo acudieron dos de los veteranos de Angamos: el grumete Alberto Medina, sujetando aún el estandarte rojiblanco, y el antiguo guardiamarina Bonnemaison.

Composición alegórica mostrando a los héroes del "Huáscar".
En el centro, el contralmirante Miguel Grau, flanqueado por el capitán de fragata Manuel Melitón Carvajal y el capitán de corbeta Elías Aguirre.
En la sección izquierda, se destaca el teniente primero José Melitón Rodríguez. La primera columna muestra, de arriba a abajo, al teniente segundo Jorge Velarde (muerto en el combate de Iquique), al alférez de fragata Ricardo Herrera y al cirujano mayor Santiago Távara. La segunda columna al teniente primero Pedro Gárezon, al teniente segundo Gervasio Santillana y al teniente segundo Fermín Diez Canseco.
En la sección derecha, se destaca el teniente segundo Enrique Palacios. La primera columna muestra al teniente segundo Carlos de los Heros (muerto en el combate de Antofagasta), al sargento mayor José M. Ugarteche y al sargento primero Francisco Retes. La segunda columna al teniente primero Diego Ferré, al contador Juan Alfaro y al cirujano de primera clase Felipe Rotalde.
(Museos Navales del Perú)

Sirvan estas líneas en homenaje a aquellos marinos, de distintas culturas y razas, que combatieron por el Perú, que fueron homenajeados a la hora de los discursos, que sufrieron el olvido del Estado y luego la indiferencia de la posteridad. Aunque tarde, vale la pena rescatar su memoria.

El "Huáscar" y la "Unión" en alta mar.
(Museos Navales del Perú)

viernes, 7 de octubre de 2022

Germán Leguía y Martínez, el "Tigre"

Poeta, historiador y político.


Una de los intelectuales más notables de las primeras décadas del siglo XX peruano, fue sin duda, Germán Leguía y Martínez. Sin embargo, su faceta literaria e histórica quedó postergada ante su dedicación a la magistratura y a la política, actuación vinculada, con luces y sombras, a la figura de su primo hermano, el presidente Augusto B. Leguía. “De alta estatura, ligeramente encorvado, tenía unos ojos penetrantes y burlones tras de las gafas de dorado arco; el bigote le caía canoso y desigual sobre la boca sarcástica; peinaba con raya a un lado, y lucía un pabellón sobre el lado derecho. Su apodo era el de “El Tigre”, robado a Clemenceau”, lo describiría Luis Alberto Sánchez.


Retrato de Germán Leguía y Martínez a fines de los años 1880.
(revista "El Perú Ilustrado", septiembre de 1890)

Bisnieto de un burócrata virreinal, nieto de un prócer de la independencia, hijo de un magistrado itinerante, Germán Leguía y Martínez nació en Lambayeque en abril de 1861. Huérfano de madre a tierna edad, acompañó a su padre en sus cargos judiciales en Lambayeque y Cajamarca. Pese a ello, su afecto por Lambayeque fue intenso, como lo expresaría en uno de sus poemas: “¡Oh Lambayeque, Lambayeque amado, que guardas de mi madre los despojos; [...] áureo sol, aire puro, suelo amigo, yo os amo, yo os venero, yo os bendigo!”.

El literato.

Germán estudió derecho en San Marcos, pero por motivos de salud, volvió a Cajamarca, donde desde la tribuna de los periódicos "La Juventud" primero, y "La Locomotora" después, junto con su amigo Pedro Centurión, se opuso al caciquismo de Miguel Iglesias. En marzo de 1877, Leguía y Centurión sufrieron un ataque en la inauguración de una sociedad de instrucción popular, siendo Centurión ultimado a palos y quedando Leguía contuso, por lo que se vio forzado a dejar Cajamarca.

De regreso a Lima, el joven se hizo conocido con su “Canto a mi Patria”, declamado en el salón de actos de la Universidad en julio de 1879, en los primeros meses de la guerra con Chile; el ministro de Justicia e Instrucción, Mariano Felipe Paz-Soldán costeó la impresión de este poema. Nombrado secretario adscrito a la legación peruana en Quito en 1880, retornó al Perú, desarrollando una activa labor en Lambayeque entre 1883 y 1887: fundó un colegio secundario, el "Instituto Lambayeque", editó el periódico "El Fénix" y escribió el drama “La Calumnia” (estrenada en el Teatro Olimpo en 1891), además de corregir una “leyenda dramática” titulada “El Manchay-Puito” (concluida en 1887, publicada en 1908). También contrajo matrimonio con doña Francisca Iturregui y Martínez, con quien tuvo descendencia; uno de sus hijos sería el prematuramente fallecido historiador Jorge Guillermo Leguía.

Portada de las "Poesías" de Germán Leguía y Martínez.

La obra literaria inicial de Leguía y Martínez fue poética, género romántico por excelencia. Cantó al sentimiento patrio (“Canto a mi Patria”, “8 de Octubre”, “Á los héroes del Huáscar, á los vencedores de Tarapacá y á los mártires de Arica”, “Tacna y Arica”, “Á la Juventus peruana, en la repatriación de los restos de sus héroes”), a la naturaleza del terruño (“Impresiones de un viaje”, “Á orillas del mar”, “En una noche de luna”, “Á orillas del Lambayeque”, “Á Lambayeque”), al afecto familiar (“Dedicatoria a mi padre”, “Á mi hermana, en su cumpleaños”), al amor (“Su retrato”, “Ensueño”, “Tu amor y el mío”, “El primer beso”, “Así te quiero más”), a los hombres ilustres de su tiempo (“En la muerte de Carlos Heros”, “Lorente”, “En la muerte del Dr. Paz Soldán”, ”Á Wenceslao Valera”, “Á Jorge Isaacs”). Algunos de estos poemas fueron publicados en la célebre revista "El Perú Ilustrado", y posteriormente serían compilados en un volumen de "Poesías", publicado en 1893.

Autógrafo de Germán Leguía y Martínez en el álbum de Juana Rosa de Amézaga.
(Biblioteca Nacional del Perú)
Paulatinamente transitó a un cierto realismo, evidenciado en la prosa vívida de sus textos históricos. En sus inicios literarios, Leguía y Martínez tuvo como ejemplo a seguir al tradicionalista Ricardo Palma, cuyos consejos fueron claves en la depuración de su estilo. Sin embargo, con los años, don Germán se acercó a la prédica de don Manuel González Prada, siendo quien lo propuso en 1912 para ejercer la dirección de la Biblioteca Nacional ante la renuncia del “bibliotecario mendigo”.
Carta de Germán Leguía y Martínez a don Ricardo Palma, de agosto de 1881, agradeciéndole las observaciones a su obra "El Manchay-Puito".
(Biblioteca Nacional del Perú)

El historiador.

Germán Leguía y Martínez leyendo su "Elogio a Bolívar" en julio de 1921.
("El Perú en el primer Centenario de su Independencia", 1922)

Trabajador infatigable, Germán Leguía y Martínez aprovechó cada uno de sus diversos destinos para entregarse a la labor investigadora, tanto en la esfera jurídica como en el estudio histórico. Cuando dejó la prefectura de Piura, llevaba los primeros apuntes de su “Diccionario geográfico, histórico, estadístico del departamento de Piura”, editado en 1914, del que solo apareció el primer volumen. Cuando terminó su magistratura en Arequipa, había iniciado la redacción de su ambiciosa “Historia de Arequipa”, de la que sólo se editaron los dos primeros volúmenes en 1912 y 1914.

Desde la vocalía suprema, Leguía y Martínez intentó actualizar el monumental diccionario de García Calderón con su inconcluso “Nuevo diccionario de la legislación peruana”, del que se publicaron solo dos volúmenes en 1914 y 1921; con el detallismo que empleó, juzgó Basadre, quizá la obra completa habría requerido más de cincuenta volúmenes. Durante su destierro, don Germán logró concluir su “Diccionario de legislación criminal del Perú”, publicado póstumamente en 1931.

Habría que mencionar que don Germán trabó amistad con el célebre investigador alemán Hans Heinrich Brüning. Sin duda, se conocieron en los años 1880, e intercambiaron información sobre el pasado lambayecano. Cuando un anciano Brüning, abrumado por las dificultades, decidió vender su colección y la ofreció al Estado; la angustia por el destino del trabajo de su vida lo abrumó, como se manifestó en la correspondencia con intelectuales como Victor Larco Herrera y Julio C. Tello.  En enero de 1921, escribió a don Germán, para pedir sus buenos oficios ante su primo don Augusto, para lograr concluir la transacción con el Estado para la entrega de su colección. Todo ello cristalizaría en el Decreto N.º 16550 del Ministerio de Instrucción Pública del 10 de julio de 1921, que creó el primer museo regional estatal en el norte peruano, el llamado Museo Brüning.

Facsímil del manuscrito original de la “Historia de la emancipación del Perú, el protectorado”.
(Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú) 

Pero la principal obra de don Germán fue la “Historia de la emancipación del Perú, el protectorado”. Este trabajo, escrito a mano en cien cuadernos con un total de 9207 hojas, sería publicada póstumamente en siete volúmenes por la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia en 1971. Su intención era analizar el paso de San Martín por el Perú, rescatando del olvido el esfuerzo peruano en la lucha por la Independencia, como un paso inicial de una historia integral de la República, idea que deja entrever en algunas de las páginas de esta obra y en las últimas anotaciones en su manuscrito. Sin embargo, el tiempo y las actividades a las que don Germán se dedicó, le impidieron llegar a la época bolivariana; no obstante, fue notable el "Elogio a Bolívar" que declamó durante las celebraciones del Centenario en 1921, y que le mereció un voto de aplauso del Senado. Es de destacar el estilo vigoroso de la prosa de Leguía y Martínez, su utilización de fuentes directas (es por ejemplo, la fuente que dio a conocer el acta del pueblo llano y bajo de Lambayeque del 31 de diciembre de 1820) y de la tradición oral que aún se conservaba. Su visión patriótica hacía que por momentos no fuese secamente objetivo, justificando el calificativo de “historiador romántico” dado por Raúl Porras, lo que desde luego no desmerece su trabajo.

El magistrado y político.

En 1887, Leguía y Martínez desempeñó algunos cargos en Lambayeque: fue representante de San José en el Concejo Provincial y miembro de la Sociedad de Beneficencia local. Poco después, se trasladó a Lima, estableciendo su hogar en la calle de Juan Pablo N.º 671 (actual cuadra sexta del jirón Azángaro), culminando sus estudios en San Marcos y trabajando en la Cancillería. A la par, entró en el Círculo Literario fundado por el vehemente don Manuel González Prada. Años después, la viuda de González Prada recordaría al círculo de intelectuales que formaron dicho círculo, y que darían pie a un intento de partido llamado Unión Nacional. Mientras criticaba a los altisonantes y vehementes, doña Adriana apuntaría que "Germán Leguía y Martínez, Eduardo Lavergne y el doctor Gregorio Mercado, formaban el núcleo serio que dejaba hablar, pelear y batallar a los jóvenes".

Retrato de Germán Leguía y Martínez durante su período parlamentario.
(revista "Ilustración Peruana", septiembre de 1909)

No es de sorprender que al ser electo diputado en 1895, Germán Leguía y Martínez fuese un combativo opositor al gobierno de Nicolás de Piérola, encabezando la censura al gabinete de Antonio Bentín (noviembre de 1895), defendiendo la reforma electoral y oponiéndose a la reforma constitucional que promovía la creación de un Consejo de Estado (1896). Con González Prada apartado del escenario político, Germán Leguía y Martínez optó por apoyar la fundación del Partido Liberal en 1902, grupo "a la derecha de la exangüe Unión Nacional y a la izquierda del declinante Partido Demócrata", formando parte de su primera junta directiva.

De izquierda a derecha, Rafael Villanueva (presidente del Senado), Augusto B. Leguía (presidente de la República), Juan de Dios Salazar y Oyarzábal (presidente de la Cámara de Diputados) y Germán Leguía y Martínez (ministro de Relaciones Exteriores), escuchando el discurso del Dr. Aníbal Maúrtua durante la inauguración de las obras de canalización del Rímac.
(revista "Variedades", septiembre de 1912)

Dedicado al foro y a la docencia, fue nombrado prefecto de Piura en 1905, impulsando iniciativas patrióticas como el reconocimiento de la casa natal del almirante Miguel Grau. De allí, pasó a la magistratura, como su padre: vocal superior en Arequipa en 1908 y vocal superior en Lima en 1909. Luego don Germán desempeñó cargos diplomáticos durante el primer gobierno de su primo hermano Augusto: ministro en Ecuador en la crisis diplomática de 1910, y ministro de Relaciones Exteriores en 1911, tras lo cual fue designado vocal de la Corte Suprema en 1912; Clemente Palma criticaría acremente su nombramiento. En ese cargo, votó de forma singular, acusando al coronel Oscar R. Benavides, presidente provisorio de la República, del cobarde asesinato del general Enrique Varela, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Guerra, durante los hechos del pronunciamiento militar de febrero de 1914.

Retrato de Germán Leguía y Martínez durante su vocalía suprema.
Su momento de mayor figuración (y mayor polémica) fue durante el “Oncenio” de su primo Augusto B. Leguía, siendo ministro de Gobierno y presidente del Consejo de Ministros entre diciembre de 1919 y octubre de 1922. Ambos primos tenían visiones distintas del mundo, debido principalmente a su formación: mientras don Augusto había hecho fortuna a través de las finanzas, entrando a la vida política del brazo del civilismo de Manuel Candamo, don Germán había permanecido más cercano al mundo académico, ingresando a la política bajo la influencia de la prédica de González Prada.

El gabinete presidido por Germán Leguía y Martínez en 1921.
("El Perú en el primer Centenario de su Independencia", 1922)
Un contemporáneo diría: "Augusto B. Leguía era más dúctil, don Germán Leguía y Martínez, más intransigente. Augusto B., era más intuitivo; don Germán, más letrado. Augusto B., creía en la eficacia del perdón y eso lo perdió; don Germán, creía en la eficacia del castigo y eso lo perdió también. Augusto B., creía que nuestros males se deben a nuestro atraso, sin exculpar por cierto a los civilistas; don Germán, creía que toda la culpa de nuestros males la tienen los civilistas. Augusto B., creía que las reformas políticas, sociales y económicas requieren tiempo; don Germán creía, como Joaquín Capelo, en la necesidad de una política quirúrgica, inmediata y eficaz".

Caricatura en relación a la mano dura de don Germán como ministro de Gobierno.
(revista "Variedades", enero de 1921)

La mano dura de don Germán como ministro de Gobierno y Policía fue notable: violó las garantías individuales (como en el caso de los hábeas corpus interpuestos a favor de Luis Pardo y Barreda, y de Juan Durand), procedió a detener y desterrar opositores, convirtió la isla de San Lorenzo en prisión para los opositores, desacató las decisiones del Poder Judicial (motivando las protestas del presidente de la Corte Suprema, doctor Carlos Erausquin), impuso restricciones a la libertad de imprenta, avaló la expropiación del diario La Prensa. Sin embargo, su actitud resuelta atrajo la atención de sectores jóvenes que creyeron ver en el antiguo magistrado una diferencia con su primo, surgiendo así, el llamado “germancismo”, con el objetivo, ideario aparte, de consagrar a don Germán como sucesor de don Augusto en el sillón presidencial.
Dibujo de Raúl Vizcarra (1963) sobre el enfrentamiento entre don Germán y don Augusto.
(Archivo Histórico Riva-Agüero)
Valdría la pena analizar lo que significaba el “germancismo”. Quizá podríamos partir de las palabras de don Germán en un ágape ofrecido en su honor en diciembre de 1921: “Hasta ahora imperaron irrestrictos, los derechos del hombre: el individuo era todo; el Estado casi nada. En el día deben imperar, e imperan ante todo, los derechos de la colectividad: la Nación es la esencia; el individuo, lo accesorio; éste es casi nada; aquélla lo es todo. Instituciones y leyes; elementos y fuerzas; fines y medios: todo tiende a socializarse. El deber de los que gobiernan no está en tolerar las demasías de los menos, sino en contemplar y defender los intereses de los más”.

Don Germán terminó por ser víctima del equipo represor que había establecido y utilizado. Detenido en noviembre de 1923 junto con sus hijos Óscar y Jorge Guillermo, fue desterrado a Panamá; regresaría ya enfermo, falleciendo en noviembre de 1928. Con él, sin duda, se perdió una posibilidad interesante (no exenta de polémica) para convertir al leguiísmo en un movimiento más duradero, en vez de un empeño modernizador autoritario basado en la figura presidencial de don Augusto.


FUENTES CONSULTADAS.

  • Basadre Grohmann, Jorge (2005). Historia de la República del Perú 1822-1933 (tomo 14). Lima: Editora El Comercio.
  • Centurión González, Freddy (2020). Leguía antes de la vida política: 1863-1903. Chiclayo: Semanario Expresión.
  • González Prada, Adriana de (1947). Mi Manuel. Lima: Editorial Cultura Antártica.
  • Guerra Martiniere, Margarita (1994). "La República 1899-1948". En: Historia General del Perú (tomo VIII). Lima: Editorial Brasa.
  • Hooper López, René (1963). Leguía: ensayo biográfico. Lima: Ediciones Peruanas.
  • Paz-Soldán, Juan Pedro (1917). Diccionario biográfico de peruanos contemporáneos. Lima: Librería e Imprenta Gil.
  • Planas Silva, Pedro (1994). La república autocrática. Lima: Fundación Friedrich Ebert.
  • Porras Barrenechea, Raúl (1963). Fuentes históricas peruanas. Lima: Instituto Raúl Porras Barrenechea.
  • Ramos Nuñez, Carlos (2015). Ley y justicia en el Oncenio de Leguía. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
  • Schaedel, Richard (1988). La etnografía muchik en las fotografías de H. Brüning, 1886-1925. Lima: Ediciones COFIDE.
  • Tauro del Pino, Alberto (2001). Enciclopedia ilustrada del Perú. Lima: PEISA.